lunes 7 de diciembre de 2009

Sábado a las 10:20

A rabear remolinos de tela

no importa quién lo haya dicho

a rabear abiertos, la leche queda

es carne

hay miles de colores

Víctor tiene los ojos de ángel.

lunes 30 de noviembre de 2009

Pregunto que pregunto

Pregunto por asombro y si de preguntas de verdad caben respuestas. Pregunto por empacho si es por eso el preguntar. Pregunto por el escuchar en mi palabra una palabra que bastará para sanar. Pregunto por creerme privilegio de acaso preguntar. Pregunto si es el hecho preguntar por mero miedo. Pregunto si es tal vez porque me crea ilusión. Pregunto quizás por encontrar anhelo alguno. Pregunto si es porque leo, porque escribo, porque pienso dudo existo, pregunto acaso por agarrarme de razón.

Me pregunto. Apunto a la cara a quien se llame respuesta, apunto a los pies a quien se crea perdón. Apunto a todo y pregunto. Pregunto y mal redacto escribo en cuando si de preguntas ha de siempre haber respuestas, y apunto quien responda y me corrija, y estallo en una pregunta que nada infrinja, qué lejos de una pregunta se baña la corrección.

Pregunto que pregunto. Me sabe cierto. Lo único certero son las preguntas. Hasta la muerte me parece perecedero.

sábado 21 de noviembre de 2009

Simón dice

Simón dice rana y nosotros saltamos. Simón dice para, y paramos. Simón dice aplaudan, y uno tiene que aplaudir. Simón dice camina, silba, compra, y hay que caminar, silbar, y comprar. Porque sí no más es el asunto, así es el juego, Simón dice juego y ya estamos en él y entonces jugamos.

Un día conocí a Simón, y Simón también tenía miedo, como todos. Simón en secreto también quería saltar, y jugar con uno, y aplaudir, y reír, y parar de tanto correr. Y Simón de vez en cuando también quería tan solo observar y guardar silencio para ver la tarde caer. Era cierto, Simón a veces cantaba sin decirlo pues no quería que nadie más cantara cuando lo hacía porque él cantaba de pena una canción de medio niño que conocía sólo él.

Simón hoy se me quedó mirando.

- Hagamos un juego – le dije – yo digo rana y tú saltas. Él se me quedó mirando.

- Ok – me respondió con su voz de inglés gentilhombre, y me lo quedé mirando, y no dije nada más, y observamos la tarde caer.

sábado 14 de noviembre de 2009

Pedazos

Pedacitos de cielos y mundo entre las yemas de los dedos, aires mantenidos a saber, la mesa sonriente, expectante, tal vez ni eso y tan solo mesa, sobrepuesta, superpuesta, la mesa allí toda mesa que no afloja ni cojea, mesa como mesa que es toda así que lo mira todo, que recibe todo, el mundo, los cielos, pedacitos de mundo entre los dedos.

Entonces aparecen las manos y marcan una silueta al tomar un trozo de pan, al tomar un lápiz, una hoja, un cigarrillo que de reojo apunta a una ventana que se viste de recoveco. Hay un antes y un después, no hay propósitos ni motivos que dejen huella alguna más perdurable, no es asunto de opciones, lo que fuera mesa se convierte en puerto, lo que fuera bruma se convierte en viaje.

Los pedazos ahora tienen sus luces encendidas. El resto es borra.

sábado 24 de octubre de 2009

Aquella trampa de creer

La última vez que fui al Biógrafo de Santiago, vi La Vie en Rose, la película sobre Edith Piaf. Me acuerdo que contándome a mí, al operador de la proyectora, y al acomodador con su gastado traje de esa hermosa sala con cortinajes amplios y un balcón en el fondo como los antiguos teatros pero a pequeña escala, no superábamos las diez personas, y yo creía que era una película famosa que iba a tener un numeroso auditorio. Pero no fue así. Como si consciente o inconscientemente yo eligiera cosas a las que no va nadie.

-Sí, por supuesto, adelante, pase no más – le digo a una señora, vaya la vieja bien gorda, tiene toda la sala vacía y se le ocurre pasar justo por donde yo estoy.

La sesión de cine está por empezar, van a dar Coco Avant Chanel, y para variar hay poquísima gente. Que tristeza, a este paso esta bella sala de cine va a cerrar, cada vez son más pocos los lugares en que transito, tal vez secretamente mis preferencias, cualesquiera que sean, espantan a la gente.

La señora gorda ahora me mira y me sonríe, vaya, le sonrío gentilmente pero mejor saco mi libreta y me tapo la cara.

Recuerdo a una bella dama a quien adoro con devoción y melancolía, que hacía todo lo posible por alejar a la gente de su lado. Nunca supe mucho de ella, del interior de ella, salvo una cosa, Edith Piaf. Cuando la tristeza te sobrepasa se llama ruina. Cuando la tristeza te sostiene… no tiene nombre, el hombre no concibe aquello que no puede comprender, mucho menos a aquello que le teme, mucho menos a aquello que no puede aprisionar, como a la Chanel, que eligió su independencia, como Edith Piaf, que eligió su tristeza.

Creo que de este fragmento, de este pequeño escrito, no podré mostrar su nombre hasta cuando aquella dama ya no esté. Tal vez solo entonces la gente se atreverá a entender de lo que se trata, y yo tal vez me atreveré a leerlo nuevamente.

La vieja gorda ya no me mira y ya no me importa. Ya he elegido, me obligo a no tener nunca mi pluma inmóvil aunque no vaya a ninguna parte. La sesión de cine ya comienza. Yo comienzo a escribir.

sábado 17 de octubre de 2009

El tono de la burla

El tono no debiera ni distinguirse al oído, menester pasar del todo desapercibido, es más no debiera ser ni tema, habitamos un entorno cruel, hay que burlarse porque sí no más, así es el asunto, no queda otra, no hay que perder más tiempo, queda mucho por mirar a cara abierta, la realidad somete de maneras inmemoriales. Es así, lo patético se derrama a destajo, a cada uno le tocó y le toca su propia cruz y no queda otra que seguir adelante, para qué seguir horadando heridas; y ser distinto es lo peor de lo peor, no estar cómodo y pertenecer igualmente al mundo y funcionar en él y aportar a él.

El tono de la burla. Ser burlón es necesario, ser bufón también, se entiende que algunos no dan ni risa, sacan más bien ronchas, algunos incluso lágrimas, de pura pena, ver empaladas nuestras carencias a vista y paciencia del escrutinio callejero no es delicia para nadie, que otro lo haga es un agrado siempre y cuando, siempre y cuando, se tiene la plena certeza que no nos va a toca ni su palabra ni su pluma. Mientras tanto, mientras no haya absoluto convencimiento, a la ironía y a la burla hay que destazarlas. Cuando todo pase no quedará más que pura pena. Baudrillard tenía toda la razón, “La conjura de los necios” de Kennedy Toole es la mejor prueba de aquello, no quiero terminar este libro que vaya que he gozado, porque sé que la pena ha de embargarme cuando lo haga.

lunes 5 de octubre de 2009

Canto a una señora dulce reina y patrona nada

A veces me miro y me río tonta, entonces le digo a mi marido que me mire y me vea linda, y todo se me olvida. Caminamos por las calles de la mano a la ceremonia nupcial del comentario irrelevante prontamente perecible de la verdulería que se ha mostrado intacto por los siglos de los siglos, amén, y aportamos con otro comentario irrelevante sobre cualquier otro alguien, formamos una alianza rotunda, eso es verdadero amor. Amén.