martes, 25 de agosto de 2009

Bajo tierra

En los incivilizados barrios de burdeles de Poteoli y Pompeya, las prostitutas estaban censadas y pagaban impuestos. Vivían en impecables casas, y sobre sus pórticos tenían dibujos y mosaicos de la posición carnal en la que eran más expertas, incluso algunas promocionaban sus virtudes con sus más excelsos clientes, especialmente gladiadores, vaya si no, eran ellos casi dioses ya fueran esclavos o no, sabían de sobra la tarea de morir, cada respiro era el último, lo único que importaba era una muerte digna para su propio rito funeral, el resto no importaba nada, podían derrochar toda su furia y su fortuna, no había mañana, para eso tenían una suerte de sindicato que resguardaba porque los más gloriosos tuvieran adecuado rito mortuorio y sepultura.
Los barrios de burdeles de Poteoli y Pompeya eran ciudades espléndidas, aún existen intactas bajo tierra con modernas metrópolis bulliciosas y malolientes sobre ellas, llenas de gente sin nombre que se cree libre, y que no tiene ni donde caerse muerta.

3 comentarios:

Cassandra dijo...

Bajo tierra se encuentra nuestra historia y quizás nuestra más entrañable naturaleza. El llamado es a exhumar los instintos y la vida, tal y como estamos hechos a vivirla.

Besos

Sirena Varada dijo...

No hay mayor sabiduría que la que proporciona la perspectiva de una muerte inminente y se resume en la liberación impúdica del instinto. Aquellas expertas en arquitectura sexual sabían canalizar esos últimos vestigios vitales, apresar los vapores exhalados por un último suspiro de vida, mientras todo se impregnaba de final. Y mientras tanto, sí: Los vivos caminan encima de los muertos. Y hay muchos vivos más muertos que los muertos.

Un abrazo, fuerte, Marcelo

mentecato dijo...

¡Qué hermoso!