sábado, 24 de octubre de 2009

Aquella trampa de creer

La última vez que fui al Biógrafo de Santiago, vi La Vie en Rose, la película sobre Edith Piaf. Me acuerdo que contándome a mí, al operador de la proyectora, y al acomodador con su gastado traje de esa hermosa sala con cortinajes amplios y un balcón en el fondo como los antiguos teatros pero a pequeña escala, no superábamos las diez personas, y yo creía que era una película famosa que iba a tener un numeroso auditorio. Pero no fue así. Como si consciente o inconscientemente yo eligiera cosas a las que no va nadie.

-Sí, por supuesto, adelante, pase no más – le digo a una señora, vaya la vieja bien gorda, tiene toda la sala vacía y se le ocurre pasar justo por donde yo estoy.

La sesión de cine está por empezar, van a dar Coco Avant Chanel, y para variar hay poquísima gente. Que tristeza, a este paso esta bella sala de cine va a cerrar, cada vez son más pocos los lugares en que transito, tal vez secretamente mis preferencias, cualesquiera que sean, espantan a la gente.

La señora gorda ahora me mira y me sonríe, vaya, le sonrío gentilmente pero mejor saco mi libreta y me tapo la cara.

Recuerdo a una bella dama a quien adoro con devoción y melancolía, que hacía todo lo posible por alejar a la gente de su lado. Nunca supe mucho de ella, del interior de ella, salvo una cosa, Edith Piaf. Cuando la tristeza te sobrepasa se llama ruina. Cuando la tristeza te sostiene… no tiene nombre, el hombre no concibe aquello que no puede comprender, mucho menos a aquello que le teme, mucho menos a aquello que no puede aprisionar, como a la Chanel, que eligió su independencia, como Edith Piaf, que eligió su tristeza.

Creo que de este fragmento, de este pequeño escrito, no podré mostrar su nombre hasta cuando aquella dama ya no esté. Tal vez solo entonces la gente se atreverá a entender de lo que se trata, y yo tal vez me atreveré a leerlo nuevamente.

La vieja gorda ya no me mira y ya no me importa. Ya he elegido, me obligo a no tener nunca mi pluma inmóvil aunque no vaya a ninguna parte. La sesión de cine ya comienza. Yo comienzo a escribir.

5 comentarios:

campesina dijo...

Me encantó, la Piaf, la Chanel, el biógrafo. Y hay muchos que tenemos miedo de que Santiago se quede sin esos lugares. Hay quien dice que todo es mentira, un invento de nosotros para ilusionarnos con los sueños y decepcionarnos con las derrotas.
Pero la vida es mejor por esas pequeñas salas con cortinajes amplios y un balcón al fondo.

besos

Blanca Estela dijo...

La vie en Rose ma pareció una película bastante mediocre para lo que fueron las emociones de Piaf.
Queda la emoción de uno no más, hasta que exista el director capaz de meterse en su torrente sanguíneo y transmitirlo.
El Biógrafo. Gran sala de cine. La otra vez fuí por Francesca, Grandísima película Italiana.
El amor, la ruina y la soledad nunca dejarán de sorprenderme.

Tiempo que no te leía, me alegro que estés vivo.

Shiops dijo...

La eterna tristeza de Edith Piaf...
No se si jactarme o lamentarme pero creo que eso de que la tristeza te sostiene, me cae como anillo al dedo. Y es que cuando el motor de tu vida es el Eolípia o en el mejor de los casos el Otto de cuatro tiempos, tienes que echar mano a cualquier cosa que tenga la intensidad necesaria para seguir en movimiento.
Bien podría ser el amor... bien podría ser la felicidad. Pero creo que ambas son cosas momentáneas y por lo tanto inestables. La melancolía, la pena, la tristeza... si bien pareciera ser un vapor sedante que nos hace quedarnos horas mirando como las olas golpean las rocas de aquella playa nostálgica de la niñez, también puede convertirse en vapor encerrado en un espacio demasiado reducido por la atrofia (corazón), creando una gran presión que hace que nuevamente la esfera siga rotando. Como el Otto, nuestro motor necesita de una explosión incial que encienda el combustible en una atmosfera de aire calentado al límite. Y esa explosión no es más que los eventos que hacen sufrir, que duelen, que hieren. Cuando la vida no ha sido fácil, o cuando uno no ha querido que sea fácil, la tristeza no te carcome, la vives tan a fondo que se convierte en tu amiga, una amiga bastante especial, una compañera que te hace sentir que existes; si dejas de sentirla, te cuestionas si ya no estás muerto. Aprendes a vivir con ella y le agradeces que si bien todo el mundo se ha ido, ella no te abandona haciendo que sigas funcionando...

Disculpa lo extenso, pero me gusto mucho tu post, Edith Piaf es parte de mi banda sonora, su tristeza me transmite consuelo (¿contradictorio no?). Te leo y siento que obviando el Biografo, la señora regordeta, la película, incluso la melodia de "Sous le ciel de Paris" que se viene a mi mente, queda algo, que advierto pero que no puedo identificar... hay algo que subyace a tus palabras, que capto pero aunque lea una y otra vez (lo lei varias veces) no logro asirlo. Quizás es aquello que "el hombre no puede comprender, que teme y que no puede aprisionar". Quizás es aquella dama que alejaba a la gente, quizás es la elección de seguir escribiendo, y que sin comprender la razón, también es mi elección. El eolípia sigue funcionando, la tristeza es el combustible, la pluma, la consecuencia.

Muchos saludos! siempre agradeces mis post, pero esta vez soy yo la que humildemente agradezco de corazón lo expresado...

Heroína Frívola dijo...

Podría decir que es la sala de cine a la que más voy, no vi esta película pero las muchas otras que he visto en este lugar han estado siempre con muy poca gente y eso me gusta, lo veo como el sitio ideal para ver buenos films con mi mejor compañía. Él.

lady aneglus dijo...

muchas gracias por tu comentario,hay reflexiones que llegan a la mente del ser humano en los momento de desesperacion max, aprovecho ese instante para escribir...

" no hay nada màs bello que lo que nunca he tenido,nada màs amado que lo que perdí( J.M.Serrat"

Lady Angelus