sábado, 15 de marzo de 2008

De sur a leño en la distancia

Hoy día los recibí a todos, abrí mi mesa sin manteles blancos y dejé que la añoranza se vertiera a destajo. Hoy día los recibí a todos, engalané mi casa con vino a granel y masas recién horneadas sin pudor a la travesura. Hoy día los recibí a todos, ensalsé de vapores y carnes frescas al aire entre pebre y cuchara, y abrí las ventanas para hacer el llamado preciso, el llamado correcto y certero que me pudiera traer de vuelta a mi sur a leño en su goteo fresco, en su dulzor puro de rubor a sueños, en su llamado de bandurria entre las sonrisas florecientes de todos aquellos con quienes festejamos y han viajado conmigo.

Entonces me senté en mi silencio en una espera a la distancia de compañía caliente y fragante, y me cobijó el recuerdo de aquellas miradas a mano amiga de cercano contigo, cuando nos encontrábamos a los ojos y ya no era necesario decir nada más.

Hoy día los recibí a todos como en los antiguos atardeces, y abrí mi mesa y me llené de dicha por los tiempos que me han acogido, y que en sus rubores y episodios forman parte de la memoria mía en su danzar de nosotros, de un nuestro, y de algún día nos veremos y volveremos a celebrar.


A todos mis amigohermanos de mi ineludible Tirua, en nuestro pequeño e intenso camino juntos, en un recuerdo que llevaré siempre conmigo, y en un llanto en silencio que también me debía.

3 comentarios:

AINA dijo...

recordar a las personas a las cuales uno aprecia es sin duda lo mejor. abrir nuestro corazon, nuestra mente y tambien imaginar que los tenemos al lado. abrir nuestra casa, nuestra mesa y poner todo nuestro cariño por esas personas, aunque esten lejos.

aina

pd. me encanta leerte

saludos

Klausdinski dijo...

Cinco empinados kilómetros de camino ripiado, un paso al poniente y antes de deslumbrarse por la incomparable isla Mocha, aparecen los abrazos y agasajos de nuestros queridos anfitriones. Allí estuvimos, es cierto. Ahora ya no estamos, pero de vez en cuando, cuando la tarde así lo deja, volvemos y sentimos nuevamente el placer de esa exquisita compañía; de esos sabores plagados de presente y futuro, de tierra mapuche que quiere seguir así por siempre, de almas en vuelo que coinciden fugaz, pero intensamente en el lafquenmapu.
Ahí nos quisimos quedar, a veces, no siempre, pero ahí estuvimos y es lo que importa. Todos estuvimos ahí, también charango, a él le gustaba quedarse siempre a dormir.
Un abrazo grande desde la tierra que tiembla.

Alina Reyes dijo...

no he estado en tirua, pero quisiera, sobre todo ahora que por la ventana veo rascacielos en vez de montanas.
carinos
alina